domingo, 6 de marzo de 2011

FORMALISMO ÉTICO


 
En primer lugar, para situarnos, citar brevemente que el fundador del formalismo ético fue Kant (siglo XVIII). Kant sintetiza su pensamiento en tres preguntas: ¿Qué debo hacer?, ¿Qué puedo saber?, ¿Qué me está permitido esperar?, que pueden resumirse en una sola: ¿Qué es el hombre?
El primero de los interrogantes hace referencia a la moral y es al cual nos vamos a enfrentar hoy.

Como ha quedado constancia en el vídeo, Kant concibe la moral como un deber, tomando conciencia de ello. Es ante esto, por lo que pone de manifiesto su imperativo categórico, el cual queda resumido según los siguientes principios o formulaciones:

-         «Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu acción se convierta en una ley universal».
-         «Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca sólo como un medio».
-         «Obra como si por medio de tus máximas, fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines».

Junto a esto, Kant añade que toda acción y decisión se deben basar en la buena voluntad, es decir, no quieras para los demás lo que no quieres para ti mismo. De este modo, el formalismo o ética formal no nos dice en concreto qué tenemos que hacer, sino que nos aporta un criterio formal, sin contenido concreto, para evaluar la acción.  

Trasladando la teoría a la práctica, nos volvemos a dar cuenta que el imperativo kantiano aporta ciertos matices no muy recomendados a la hora de actuar. Según el formalismo ético, se debe actuar de forma que cualquier persona en las mismas circunstancias actúe igual (universalización). Pero, ¿Cómo podemos determinar de una forma precisa unas circunstancias idénticas, si nunca hay dos situaciones iguales?

Además de esta contraposición, encontramos la ley según la cual el fin nunca justifica los medios. Según esto, por ejemplo, si tú te encuentras en una situación de paro, hambre y miseria, nunca podrás robar nada para tu sustento puesto que no es lo que se debe hacer, no estaría bien. Entonces, ¿te debes morir de hambre? ¿Robar siempre está mal?

Por último, si hacemos hincapié en el nazismo, la Segunda Guerra Mundial o la represión estalinista, nos daremos cuenta que estas situaciones también se han producido en el nombre de la racionalidad y el deber. Por tanto, si tomamos partido por la teoría ética de Kant, debemos a su vez tomar conciencia de los riesgos que puede conllevar.

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